Fuego de campamento

Ella se adelantó. Tenía que hacer una señal bien visible para que los demás supiéramos dónde estaba.

E hizo un fuego de campamento bien alto, protegido del viento por los montes pirineos, y tan alto que se ve desde más allá de la sierra de Guadarrama, en la meseta, bien al oeste.

Para allá nos dirigimos, hacia allí hemos emprendido el camino.

Sin billete de vuelta.

Preferimos una dictadura

Resulta que los chavales de hoy, chavales normales, de una ciudad provinciana cualquiera, de la ESO de un instituto cualquiera, prefieren vivir en una dictadura a no tener sanidad pública.

Parece una broma, pero no lo es.

Tan interiorizados tienen los memes que les han ido metiendo poco a poco en la cabeza, tanto a ellos como a sus padres, que prefieren una dictadura.

Renuncian a poder gobernar sus vidas, renucian a su libertad y lo quieren fiar todo a alguien que les conduzca en la vida como él quiera.

Eso sí, le piden que no sea muy duro, que no les haga demasiado daño, por favor.

Este y no otro, es el resultado de la, según los profesionales de la enseñanza, tan admirable educación que tenemos.

Esto es lo que han creado.

Enhorabuena.

Superioridad moral

Superioridad moral.

No lo soporto. Su arrogancia, su burla, creerse superiores a otros.

Pero la realidad no es lo que uno quiere, sino lo que es. Entiendo a los políticos que aparecen en el vídeo en mítines, porque desde esas tribunas uno dice cosas para vender un producto (su producto) y para que le aplaudan los borreguitos que tiene abajo.

A la que le viene bien un baño de realidad es al resto de la gente que aparece, a los que se creen que su pensamiento, sus ideas son MEJORES, que los demás son bobos de baba.

¿No lo serán ellos?

Toma, moreno, que decía el otro.

La luz pública

Me llega por whatsapp una cadena de esas típicas que no se sabe de dónde ha salido, de esas que me suelen poner muy nervioso.

En esta ocasión, me animan a apagar todas las luces de mi casa durante 20 minutos, porque “vamos a pagar un 33% más por la luz”. El argumento es que “lo permiten en plena ola de frío” , que así “sus pérdidas serán notables” y “que vean que sí tenemos voz”.

¿Nos hemos preguntado qué determina el precio de la electricidad? ¿Está regulado el sector o el Estado permite la libre competencia? ¿Pagamos impuestos por ella? ¿Cuántos impuestos? ¿De qué tipo son y por qué se impusieron?

¿Quién debe impedir que los precios suban? ¿Quién tiene que protegernos de las compañías eléctricas? ¿Deben hacer negocio las compañías con la luz? ¿Quién debe impedirlo? ¿Quién pagará la luz si no hay negocio?

Me temo lo peor. Me temo que el mensaje es que los políticos, el Estado es quién tiene que hacer todas estas últimas cosas. El mismo que provoca que paguemos por ese producto mucho más de lo que deberíamos pagar.

Pues entonces, preparaos, porque la pagaremos más cara y de peor calidad. Y la pagaremos todos, no solo los demás, sino todos, tú también. Pero tendremos el consuelo de que será luz pública. Y social.

 

Niños y niñas

Hello world!

Chicos y chicas (para padres despistados).

El tema está de moda. La ofensiva es intensa y muchos padres todavía no se han dado cuenta. O no lo tienen en cuenta. O prefieren no oírlo, no pensarlo, no imaginárselo.

Mientras, estos a lo suyo.

La verdad es que no apetece escucharlo, dan ganas de poner buena música, leer un buen libro y olvidarse de todo. Pero eso es lo que quieren.

Si tenéis estómago suficiente, escuchad.

 

Homenaje a un maestro

Cuando un maestro se retira, merece un homenaje. Y eso es lo que han hecho en La Contra TV.

Os lo dejo aquí, para contribuir, aunque sea modestamente, a la difusión de sus ideas y de los trabajos, siempre gratificantes, de La Contra TV.

Ayuntamientos y discriminaciones

La verdad es que si no fuera porque llevo tiempo leyendo noticias como esta y otras aún peores, pensaría que estamos en el día de los inocentes:

El ayuntamiento de Valencia discrimina a las mujeres.

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Adiós al oeste

Son ya muchos años por aquí, y siempre le he tenido un cariño especial a estas tierras. De niño, eran como mi hogar, ese que no encontraba junto al mar. De joven, la tierra prometida que nunca  cumplió su palabra y de adulto, el hogar de mi familia.

Pero el oeste se va, poco a poco. Quedará, previsiblemente, donde estaba, en la lejanía, en el anhelo. Quedará otra vez como la tierra que llama, la que hace que el camino, siempre hacia donde se pone el sol, sea el camino de vuelta a casa.

La mentira del año nuevo

Siempre me ha parecido que eso el año nuevo y de la nochevieja era algo de mentira.

Una vez pasado el aluvión de uvas, vinos espumosos, felicitaciones variadas que te llegan por el móvil, horteras en su gran mayoría, solamente queda felicitar el “año” a todo el que te encuentras, a veces hasta bien entrado febrero.

Pero, bien mirado, nada empieza en año nuevo. Los niños vuelven a las mismas clases que unos días atrás, y, curioso, están en el mismo curso. Y los demás, vuelven a las mismas rutinas que ayer, sin notar nada. Lo de los nuevos propósitos para el año nuevo es algo tan tonto, que nadie se cree, pues nunca cambia uno de rutinas de una noche para otra.

Cuando es año nuevo, de verdad, es en septiembre, solo que sin uvas.

© 2017 Desde la tená

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