peñaparda concierto

Se lo había prometido al chico. Y quién iba a pensar que ese sábado iba a haber semejante concentración de estrellas en concierto. Coincidían Baleo y Mark Knopfler, separados apenas por 200 kilómetros.

Así que fuimos a ver a Mark (también actuaba un tal Fito, pero solamente era el telonero). Y la cosa empezó, la plaza estaba abarrotada, los músicos tardaron en aparecer, porque ya se sabe que son muy pesaditos para con sus cosas.

El saludo fue un lacónico “hola” y luego algunas palabras en un idioma que, sin duda era inglés, porque ninguno de los que estábamos allí entendía. Nada que ver con esos chascarrillos tan charros que cuenta Nino.

El tipo de la guitarra, algo mayor que nuestro Toño, no tocaba mal, pero no era capaz de llevar el ritmo aporreando ningún bombo electrónico ni nada parecido. Solamente cantaba de vez en cuando, o más bien susurraba. Nada que ver con las voces de Agurtzane, Nathalie y Ana.

Además había un par de tipos que soplaban diversos instrumentos, que digo yo que para qué dos, si José Ángel se basta solo para soplar lo que haya que soplar.

Y el de la batería, muchos chismes a su alrededor, pero ni una palabra, ni una broma, ni un instrumento exótico (aceptando que lo que viene de Portugal es exótico), o antiguo. En fin, un soso.

Ahora, solo os digo una cosa, chavales: no lo superéis, pero igualádmelo, anda.