Maldita la hora en la que cambiamos la hora.

Maldita la hora en la que no cambiamos la hora.

Maldita la hora en la que somos la tierra de lo provisional que queda para siempre.

Maldita la hora en la que no sabemos ni siquiera cuál es nuestra hora, ni, mucho menos, qué meridiano pasa por nuestras tierras.

¿Meridiano, dice? ¿Qué es un meridiano? ¿Y un huso horario?

Maldita la hora en la que, para tener sol hasta la hora de dormir, tenemos que levantarnos cuando aún los pájaros duermen.

¡Estoy hasta Europa de la hora de verano, y hasta lo que antes era España de la hora de invierno!