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Ayuntamientos y discriminaciones

La verdad es que si no fuera porque llevo tiempo leyendo noticias como esta y otras aún peores, pensaría que estamos en el día de los inocentes:

El ayuntamiento de Valencia discrimina a las mujeres.

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Adiós al oeste

Son ya muchos años por aquí, y siempre le he tenido un cariño especial a estas tierras. De niño, eran como mi hogar, ese que no encontraba junto al mar. De joven, la tierra prometida que nunca  cumplió su palabra y de adulto, el hogar de mi familia.

Pero el oeste se va, poco a poco. Quedará, previsiblemente, donde estaba, en la lejanía, en el anhelo. Quedará otra vez como la tierra que llama, la que hace que el camino, siempre hacia donde se pone el sol, sea el camino de vuelta a casa.

La mentira del año nuevo

Siempre me ha parecido que eso el año nuevo y de la nochevieja era algo de mentira.

Una vez pasado el aluvión de uvas, vinos espumosos, felicitaciones variadas que te llegan por el móvil, horteras en su gran mayoría, solamente queda felicitar el “año” a todo el que te encuentras, a veces hasta bien entrado febrero.

Pero, bien mirado, nada empieza en año nuevo. Los niños vuelven a las mismas clases que unos días atrás, y, curioso, están en el mismo curso. Y los demás, vuelven a las mismas rutinas que ayer, sin notar nada. Lo de los nuevos propósitos para el año nuevo es algo tan tonto, que nadie se cree, pues nunca cambia uno de rutinas de una noche para otra.

Cuando es año nuevo, de verdad, es en septiembre, solo que sin uvas.

Cómo hablarle

Son solamente dos minutos. Tan solo dos minutos para resumir lo importante de no bajar la cabeza, de no callar.

Ya está bien. Hace tiempo que se han traspasado todos los límites y ya es hora de hablar alto y de frente.

Reuniones escolares

Una reunión más. Y una menos, porque esta etapa de padre de chicos en el sistema escolar obligatorio va tocando a su fin. Afortunadamente.

Sensación de abandono, de hartazgo, me dejan estos eventos. La que me transmiten ellos, el cuerpo de profesores  y el equipo directivo, como se hacen llamar.

Entre los logros de la reunión, vaya como primero, está el que no se haya hablado nada de lo que van a enseñar a los chicos, ni cómo. Ni un solo minuto del tiempo fue dedicado a estas cuestiones relacionadas con la enseñanza.

Sí han reconocido que les es imposible hacer cumplir algunas de las normas fundamentales del colegio, como que los chavales no usen los móviles en las aulas, mientras se imparten las clases. Pero acto seguido, nos lanzan a los padres allí presentes, una batería de consejos para que nosotros evitemos que hagan mal uso de esas tecnologías, las nuevas tecnologías las siguen llamando, todas las horas del día.

Es decir, un grupo de profesores  que aún llaman nuevas tecnologías a lo que sus alumnos usan desde que naces, que a duras penas son capaces de proyectar una presentación en un aparato corriente, que apenas entienden el funcionamiento de una simplona plataforma web que tenemos para comunicarnos y que los padres llevamos en el móvil, que se declaran incapaces de controlar el uso que hacen de sus móviles veinte alumnos  en un aula (tienen sus trucos, dicen), se atreven a decirnos lo que tenemos que hacer en casa y fuera de casa con ellos.

Zapatero, a tus zapatos.

El verano

Aunque uno haya cambiado algo desde la infancia, en esta tierra el verano es calor, cielo azul, hierba amarilla y seca y sombra de encinas. Mañanas frescas y tardes interminables, paseos de atardecida con el polvo del camino y chapuzones efímeros en la helada piscina entre el griterío de los chiquillos. Encuentros y despedidas, preguntas por la fecha de partida justo al llegar, sillas a la fresca y pan y chorizo.

Entre todo este barullo, que se repite hasta perder la cuenta del día, la hora y los años que lo hemos vivido, y mientras esperamos la vuelta a las costumbres invernales, tan queridas, tan odiadas, añoramos algo: un buen concierto de Baleo que nos diga, en viejo verso, en qué tierra estamos.

Maldita la hora

Maldita la hora en la que cambiamos la hora.

Maldita la hora en la que no cambiamos la hora.

Maldita la hora en la que somos la tierra de lo provisional que queda para siempre.

Maldita la hora en la que no sabemos ni siquiera cuál es nuestra hora, ni, mucho menos, qué meridiano pasa por nuestras tierras.

¿Meridiano, dice? ¿Qué es un meridiano? ¿Y un huso horario?

Maldita la hora en la que, para tener sol hasta la hora de dormir, tenemos que levantarnos cuando aún los pájaros duermen.

¡Estoy hasta Europa de la hora de verano, y hasta lo que antes era España de la hora de invierno!

El Silencio, la Luz, la Sabiduría.

Frente al estruendo que desmembra cuerpos, el Silencio.

Frente al grito agónico de la muerte, el Silencio.

Frente al atronador escándalo de lo bárbaro, el Silencio.

 

Frente a la locura, la Sabiduría.

Frente a la falsedad, la Sabiduría.

 

Frente a la oscuridad del mal, la Luz.

 

Frente al odio, el Amor.

 

Despertad, despertemos.

Actuad, actuemos.

Frente a ellos, Nosotros.

Comienza la Semana Santa

Comienza con estruendo, tambores en el Plegadero, en el bajo Gállego.

Con estruendo mientras puedan los de la Cofradía de Jesús en el Huerto de los Olivos.

Mientras podamos salir a celebrar, a sufrir.

Queda mucho por sufrir.

Matemáticas y desequilibrios sociales

Pantallazo repartos y desigualdad

Me encuentro un cuadro como el de arriba en un libro de matemáticas de 3º de la ESO (¿ESO?). Justamente en el tema de la proporcionalidad.

Sí, en el tema de la proporcionalidad, repartos proporcionales, directamente, inversamente proporcionales y esas cosas.

Y me vienen a la cabeza:

  • ¿Qué hace eso aquí?
  • ¿Tiene que ver algo lo desigual con lo proporcional?
  • ¿Aprovechamos cualquier resquicio para adoctrinar?
  • ¿Los recursos económicos se reparten?
  • ¿Cuántas horas tengo que dedicar a inocular antídoto contra esto?
  • ¿Quién va a conseguir el equilibrio social?
  • ¿Hay más tontos que botellines?

Tengo, al menos, una respuesta.

No la voy a dar, pero sí os diré que a mi sí que me produce desequilibrios (graves) mentales encontrarme esto y tener que reponerme. Y actuar.

Por suerte lo hago.

© 2017 Desde la tená

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