Una reunión más. Y una menos, porque esta etapa de padre de chicos en el sistema escolar obligatorio va tocando a su fin. Afortunadamente.

Sensación de abandono, de hartazgo, me dejan estos eventos. La que me transmiten ellos, el cuerpo de profesores  y el equipo directivo, como se hacen llamar.

Entre los logros de la reunión, vaya como primero, está el que no se haya hablado nada de lo que van a enseñar a los chicos, ni cómo. Ni un solo minuto del tiempo fue dedicado a estas cuestiones relacionadas con la enseñanza.

Sí han reconocido que les es imposible hacer cumplir algunas de las normas fundamentales del colegio, como que los chavales no usen los móviles en las aulas, mientras se imparten las clases. Pero acto seguido, nos lanzan a los padres allí presentes, una batería de consejos para que nosotros evitemos que hagan mal uso de esas tecnologías, las nuevas tecnologías las siguen llamando, todas las horas del día.

Es decir, un grupo de profesores  que aún llaman nuevas tecnologías a lo que sus alumnos usan desde que naces, que a duras penas son capaces de proyectar una presentación en un aparato corriente, que apenas entienden el funcionamiento de una simplona plataforma web que tenemos para comunicarnos y que los padres llevamos en el móvil, que se declaran incapaces de controlar el uso que hacen de sus móviles veinte alumnos  en un aula (tienen sus trucos, dicen), se atreven a decirnos lo que tenemos que hacer en casa y fuera de casa con ellos.

Zapatero, a tus zapatos.