¡Ssshhh!

    Siempre entro cuando me voy a dormir. Primero en la de él y luego en la de ella, procurando no hacer ruido. Me paro junto a la cama, en silencio, y observo. Me detengo un momento a escuchar su respiración, hasta percibir un leve movimiento. A veces incluso me acerco hasta que vuelven la cabeza, suben una mano, o se dan media vuelta. Entonces me quedo tranquilo, salgo y cierro despacio la puerta, doy por finalizado el día y me marcho a descansar.
Lo hago desde que nacieron, siempre con cierta angustia por si no respiran, y lo repito a diario, como un ritual. Comprendo que me quedan menos veces para hacerlo, porque sus figuras han crecido y cada vez llegan más abajo, hasta el final de la cama. Pero mientras tanto, mientras llega el día en que vuelen solos, yo seguiré.
Y pienso que ellos lo perciben, que, incluso dormidos, sienten que su padre está ahí, atento.
Me gusta pensar que conmigo hacían lo mismo…

2 comentarios

  1. Es inevitable… Una buena persona será, siempre, un buen padre !!!
    Un abrazo, Paco !

  2. Misterioso personaje conciliador…, bienvenido.

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