Tribulaciones en la crisis del virus (día 59)

Decenas de miles de personas fallecidas. Y las que no se cuentan. Y las que no quieren que contemos.

Los muertos del sepulturero profanador y su compinche bolchevique.

Mientras las cifras de fallecidos y contagiados diarios van bajando, tanto que la gente comienza a olvidar, el auténtico esperpento de la “vuelta a la nueva normalidad” ha comenzado.

Aunque siguen cayendo querellas por homicidio, siguen.

Donde estoy pasando esta auténtica locura, estamos en fase 1, creo. Esto significa, básicamente, que sigo secuestrado pero que puedo salir a lo que me salga de ahí, siempre que no diga que estoy paseando o haciendo deporte. Aunque si son las 8 de la tarde, sí puedo decirlo, que bien lo sé. Somos idiotas.

Por motivos profesionales, desmenuzo la normativa dictada por estos auténticos canallas que tenemos por gobierno, sacando hasta los más nimios detalles. Esto conduce inevitablemente a la esquizofrenia, así que cuando una compañera de fatigas laborales resopla varias veces seguidas, hay que dejarlo para no ir directamente a un sanatorio mental.

Ayer y hoy, grupos de valientes se van calentando y protestan contra el infame gobierno. A nadie que mire con los ojos abiertos, que no esté ciego, se le escapa que todo lo que hacen no responde a nada que tenga que ver con criterios sanitarios. Nada.

Lo único que le importa es seguir manejándonos y llevándonos a una dictadura (cerca estamos) de esas que te hacen estremecer con solamente imaginar.

Y las policías se van poniendo nerviosas, porque sus desproporcionados despliegues para intentar acallar las protestas, son vistas ya como represión. Apelan en las redes a que son los buenos, pero siguen actuando desproporcionadamente, como desde el principio. Basta ver la cantidad absolutamente indecente de denuncias y de detenciones impuestas, además de que son por conceptos clara, pero claramente, irregulares.

Acabarán pagando, pero, sinceramente, lo tienen algo merecido. Su misión es hacer cumplir las leyes, solamente eso, para lo que hay que conocerlas y aplicarlas según el caso. El estado de alarma suspendía, de hecho, derechos constitucionales, pero lo que no suspendía era la profesionalidad de los agentes. O no debería haberlo hecho. Si algo le podemos pedir a quien nos “protege” es que no entre en pánico.

Pero el sepulturero profanador, su compinche bolchevique y sus matones siguen a lo suyo. Hoy anuncian que darán la paguita famosa, de 1.015 lereles por familia. Las que ellos digan, al módico precio de 1.100.000.000 lereles mensuales, millón arriba, millón abajo. Unos tres millones de votos, más o menos. Más los que cuenten ellos. Chollo.

¿Quién va a pagar…? Me parto.

Y que van a extender el control de precios a más sectores, porque lo de las mascarillas ya lo han controlado. Así que nos prepararemos para la escasez de todo lo que el genio garzón toque.

Oye, pues las terracitas estaban a tope, con gente esperando para tomarse su cañita. Paga pedro y pablo, chavales. Esto es vida.

Bueno, también están los cansinos que dicen que si hay rebrote los culpables seremos nosotros. Ellos no, nosotros, la gente, ese grupo de personas en el que nunca están ellos (casualidad). Pero almas de cántaro, si solamente le estamos haciendo caso al gobierno, el que no se equivoca, el que no miente, el que nos cuida, el que ha hecho lo que ha hecho falta, cuando ha hecho falta y todo lo que ha hecho falta. Si nuestro enterrador favorito, su vicepandemias, illa maravilla y el tonto simón dicen que podemos tomar cañitas en una terraza, pues será que podemos (unidos podemos).

Que no dejemos a nadie atrás. Bueno, a los madrileños sí, que ya no son bienvenidos en ningún sitio, los pobres, por votar mal. Y a los valencianos, por lo que sea. Y a los castellanos viejos, por vaciados. Y a los ancianos en las residencias de vicepandemias, por viejos.

Y nos siguen muriendo.

Definición de imbécil de la RAE, que debería ser de obligada lectura antes de votar (aun sin que muchos la comprendan): Tonto o falto de inteligencia.

Definición de criminal, según la RAE, 4ª acepción: que ha cometido o procurado cometer un crimen.

Definición de secuestrar, según la RAE: retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines.

Y deseamos, de corazón, la total y completa recuperación de cuantos aquí se citan.

P.d.: el (no) uso de las mayúsculas es, cómo no, deliberado.

El Brigada Acorazado Escrito por:

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