Alcanzar el poder, aferrarse al poder

La noticia de que varios miles de jueces españoles han acudido a una instancia europea para denunciar que en España no tenemos ya un estado de derecho ha tenido cierta acogida, pero no la que debería tener algo tan relevante.

No había que ser un genio para darse cuenta de que los personajes que tenemos ahora mismo gobernado no nos podían traer nada bueno. Y no me refiero solamente al asunto económico, no solamente, por más que en esos temas va de suyo que la izquierda (y más aún la ultraizquierda) trae aparejada a su gestión la ruina más absoluta, se tarde más o se tarde menos en alcanzar el estado de pobreza total.

Me refiero, fundamentalmente, a que esta ralea de gente, ellos y los que les asesoran y les dan soporte desde el exterior, son auténticos depredadores del poder. Solamente necesitan llegar una vez para, una vez instalados ahí, desplegar toda clase de maniobras para tenerlo entero y en exclusiva.

Las tácticas y las maniobras que usan para llegar hasta lo más alto son conocidas y han podido ser observadas por todos, aunque muchos aún no han sido capaces de darse cuenta de lo que ha pasado. Las tácticas para mantenerse en el poder, para perpetuarse en él, las estamos viendo durante estos largos meses, ya más de un año.

Y si bien están algo camufladas en la caótica gestión de una pandemia orquestada a nivel internacional con las intenciones que cualquiera con un mínimo de sentido común y de capacidad de reflexión puede notar, siguen respondiendo a lo que se esperaba de ellos.

Ciertamente tienen el campo más que abonado en una sociedad que está ya madurita para caer en una dictadura comunista sin darse cuenta y sin que la cosa le parezca siquiera un poco molesta. Han sido muchas décadas de adoctrinamiento, de propaganda, de complejos, de deserción de la defensa de las ideas y valores tradicionales que el pueblo aún conservaba, de cobardía (cuando no de traición) de los líderes que decían enfrentarse a ese enemigo que se cernía de nuevo en el horizonte.

Pero se están empleando a fondo para conseguir sus objetivos. Tan a fondo que ya no se repara en las formas. Ya no importa mentir descaradamente a diario, difamar al adversario, convocar, apoyar y jalear disturbios desde el gobierno, ya no importa insultar abiertamente, saltarse la ley un día y otro, presionar al resto de poderes del estado, practicar las más mafiosas de las tácticas con los adversarios políticos, con empresarios, con críticos, con disidentes, con la gente en general.

Ya no importa aliarse a plena luz del día y sin caretas con los herederos de los terroristas, con los amiguitos de la marxista banda terrorista vascongada, ya no importa aliarse con los separatistas herederos de los torturadores y homicidas republicanos de la región catalana, ya no importa hacer tratos con los antisistema, no importa entregarles las instituciones aún teniendo como objetivo declarado acabar con ellas.

Ni siquiera importa o se camufla la compra y la ocupación de la prensa, de la televisión y de la radio para convertirlas en meros progadadores de mentiras y odio.

El objetivo es el poder absoluto y tiene que ser alcanzado rápidamente, por si a alguien le da por despertar. El objetivo, querido lector, somos nosotros y nuestra patria.

Por eso, la noticia de que los jueces piden auxilio fuera de nuestro país, la reconozco como una de las declaraciones más explícitas de que hemos caído casi definitivamente en sus redes. Un poder del estado reclamando ayuda al exterior contra otro poder del estado, nada menos.

Estamos cerca de la desgracia total, pero las prisas son muchas porque hay un par de cosas que se les escapan de las manos, que crecen a toda velocidad y que necesitan neutralizar lo antes posible.

Una es un partido político que planta cara abiertamente y que, aún a pesar de muchos puristas, está regando las calles, las plazas y las redes, de mensajes ciertos en defensa de la nación, de los valores tradicionales, de la vida, de la familia, de la persona y de Dios. Y que permite, alienta y ayuda a la difusión de esos mismos valores por grupos más minoritarios que, aunque siempre han estado ahí, no han logrado tener repercusión pública relevante.

Otra es la juventud, verdadero semillero de las ideas y valores que se oponen a toda esta gangrena que supone el comunismo, el progresismo, el globalismo. Porque solamente hay que echar un vistazo a las redes sociales o a los actos en la calle y los templos, para darse cuenta de que los jóvenes, los muy jóvenes, son la auténtica esperanza y el verdadero peligro a que se enfrentan los totalitarios.

También tenemos algo que se escapa del control y de la comprensión de los que quieren convertirse en nuestros amos. Pero eso, amigos, aunque ellos no lo quieran creer, no es de este mundo y su victoria está asegurada.

Artículo original publicado en Tradición Viva.

El Brigada Acorazado Escrito por:

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