LA GUARDIA CIVIL Y TIK-TOK

He tenido que esperar unos días, después de ver el famoso vídeo de la Guardia Civil en Tik-tok, cuenta oficial, antes de escribir algo sobre el tema. Por prudencia.

Abundan los indignados por semejante espectáculo, bochornoso sin duda ninguna. Por ese y por otros muchos que salen a diario, esta vez desde las cuentas particulares de otros tantos guardias civiles.

Se pone el grito en el cielo ante la “denigración” de un uniforme, de un cuerpo al que la gente común respeta, tiene en buena estima. Tanto que, en esas encuestas tan de moda hoy día, aparece siempre entre las instituciones mejor valoradas de nuestro sufrido y agonizante país.

Cuando la degradación comienza, nada está a salvo. En esta época que nos toca vivir, el relativismo moral, el infantilismo, el hedonismo y muchos otros ismos nos invaden y alcanzan a todo y a (casi) todos. Y en este país nuestro, los que lo quieren hundir, desmembrar y hacer desaparecer, no van a dejar nada sin corromper. Y menos lo que funciona relativamente bien, lo que la gente valora, lo que se puede entender como “una seña de identidad”.

Y la Guardia Civil, manque les pese a muchos, era de lo poquito que aguantaba el tipo con cierta dignidad.

Así que nada mejor, para convertir al benemérito cuerpo a uno más de esos organismos peleles que carecen de los más mínimos valores, de la más mínima dignidad, en una más de esas instituciones estatales que, sin alma, obedecen ciegamente sin siquiera darse cuenta de que son instrumentos en manos de quien los quiere destruir. Nada mejor que ponerla en el mundo digital, en el mundo moderno, a hacer esas cositas tan de moda.

Para llegar a la población joven, dicen desde la cúpula del cuerpo, para modernizar nuestro mensaje, para acercarse a las nuevas generaciones. Que es tanto como decir que los jóvenes no entienden otra cosa que no sean bailecitos, que es tanto como decir que lo que estamos educando es una pandilla de bobos de baba.

Pero como lo que digan o pretendan los que dirigen el cotarro no me va a sorprender ahora, diré que esto era inevitable, y lo que es peor, que muchos de los guardias civiles que ahora se indignan han contribuido a ello, aún sin quererlo.

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Se pone el grito en el cielo ante la “denigración” de un uniforme, de un cuerpo al que la gente común respeta, tiene en buena estima. Tanto que, en esas encuestas tan de moda hoy día, aparece siempre entre las instituciones mejor valoradas de nuestro sufrido y agonizante país.

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Cuando la degradación comienza, nada está a salvo. En esta época que nos toca vivir, el relativismo moral, el infantilismo, el hedonismo y muchos otros ismos nos invaden y alcanzan a todo y a (casi) todos. Y en este país nuestro, los que lo quieren hundir, desmembrar y hacer desaparecer, no van a dejar nada sin corromper. Y menos lo que funciona relativamente bien, lo que la gente valora, lo que se puede entender como “una seña de identidad”.

Y la Guardia Civil, manque les pese a muchos, era de lo poquito que aguantaba el tipo con cierta dignidad.

Así que nada mejor, para convertir al benemérito cuerpo a uno más de esos organismos peleles que carecen de los más mínimos valores, de la más mínima dignidad, en una más de esas instituciones estatales que, sin alma, obedecen ciegamente sin siquiera darse cuenta de que son instrumentos en manos de quien los quiere destruir. Nada mejor que ponerla en el mundo digital, en el mundo moderno, a hacer esas cositas tan de moda.

Para llegar a la población joven, dicen desde la cúpula del cuerpo, para modernizar nuestro mensaje, para acercarse a las nuevas generaciones. Que es tanto como decir que los jóvenes no entienden otra cosa que no sean bailecitos, que es tanto como decir que lo que estamos educando es una pandilla de bobos de baba.

Pero como lo que digan o pretendan los que dirigen el cotarro no me va a sorprender ahora, diré que esto era inevitable, y lo que es peor, que muchos de los guardias civiles que ahora se indignan han contribuido a ello, aún sin quererlo.Publicidad.

¡Hay que retratarse, amigos!

Porque hace tiempo que se comenzaron a publicar vídeos, muchos vídeos en los que la utilización del uniforme, del cuerpo, era patente y, en la mayoría de los casos, no hacía más que erosionar la imagen del mismo.

Pero como los motivos eran, digamos loables, todo se pasaba por alto, y (casi) todos contribuían encantados con la publicidad gratuita. Se comenzó vendiendo el producto en los telediarios, compitiendo con las demás policías para ver quién hace las detenciones más espectaculares, como si una policía tuviera que vender nada. Que digo yo que no le va ningún beneficio en ello.

Luego se siguió haciendo muestras de apoyo a los compañeros que se encontraban en Cataluña durante el golpe de estado del 2017, vídeos todos promovidos y grabados desde la dirección, con un lema tan ñoño y tan evidentemente falso que, con perspectiva, da pena.

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He tenido que esperar unos días, después de ver el famoso vídeo de la Guardia Civil en Tik-tok, cuenta oficial, antes de escribir algo sobre el tema. Por prudencia.

Abundan los indignados por semejante espectáculo, bochornoso sin duda ninguna. Por ese y por otros muchos que salen a diario, esta vez desde las cuentas particulares de otros tantos guardias civiles.

Se pone el grito en el cielo ante la “denigración” de un uniforme, de un cuerpo al que la gente común respeta, tiene en buena estima. Tanto que, en esas encuestas tan de moda hoy día, aparece siempre entre las instituciones mejor valoradas de nuestro sufrido y agonizante país.

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Cuando la degradación comienza, nada está a salvo. En esta época que nos toca vivir, el relativismo moral, el infantilismo, el hedonismo y muchos otros ismos nos invaden y alcanzan a todo y a (casi) todos. Y en este país nuestro, los que lo quieren hundir, desmembrar y hacer desaparecer, no van a dejar nada sin corromper. Y menos lo que funciona relativamente bien, lo que la gente valora, lo que se puede entender como “una seña de identidad”.Publicidad.

Y la Guardia Civil, manque les pese a muchos, era de lo poquito que aguantaba el tipo con cierta dignidad.

Así que nada mejor, para convertir al benemérito cuerpo a uno más de esos organismos peleles que carecen de los más mínimos valores, de la más mínima dignidad, en una más de esas instituciones estatales que, sin alma, obedecen ciegamente sin siquiera darse cuenta de que son instrumentos en manos de quien los quiere destruir. Nada mejor que ponerla en el mundo digital, en el mundo moderno, a hacer esas cositas tan de moda.

Para llegar a la población joven, dicen desde la cúpula del cuerpo, para modernizar nuestro mensaje, para acercarse a las nuevas generaciones. Que es tanto como decir que los jóvenes no entienden otra cosa que no sean bailecitos, que es tanto como decir que lo que estamos educando es una pandilla de bobos de baba.

Pero como lo que digan o pretendan los que dirigen el cotarro no me va a sorprender ahora, diré que esto era inevitable, y lo que es peor, que muchos de los guardias civiles que ahora se indignan han contribuido a ello, aún sin quererlo.Publicidad.

¡Hay que retratarse, amigos!

Porque hace tiempo que se comenzaron a publicar vídeos, muchos vídeos en los que la utilización del uniforme, del cuerpo, era patente y, en la mayoría de los casos, no hacía más que erosionar la imagen del mismo.

Pero como los motivos eran, digamos loables, todo se pasaba por alto, y (casi) todos contribuían encantados con la publicidad gratuita. Se comenzó vendiendo el producto en los telediarios, compitiendo con las demás policías para ver quién hace las detenciones más espectaculares, como si una policía tuviera que vender nada. Que digo yo que no le va ningún beneficio en ello.

Luego se siguió haciendo muestras de apoyo a los compañeros que se encontraban en Cataluña durante el golpe de estado del 2017, vídeos todos promovidos y grabados desde la dirección, con un lema tan ñoño y tan evidentemente falso que, con perspectiva, da pena.

No estáis solos, decían, cuando la realidad, la durísima realidad, es que estaban solos. Y abandonados.

Abierta la veda “youtubera”, quien más y quien menos participó, grabó o vio con cierta satisfacción, homenajes a guardias fallecidos en acto de servicio o en despedidas de compañeros que pasaban a retiro, ajenos absolutamente a cualquier tradición española o del Cuerpo (eso sí, calcados de los que salen en las películas americanas).

Y ya en medio del “confinamiento”, de la situación cruel en la que se obligó a permanecer a nuestros compatriotas, en medio de la mayor orgía de poder absoluto y arbitrario, se participó en celebraciones de cumpleaños de niños y otras mandangas parecidas, puede que para blanquear la auténtica misión encomendada. Misión que conocen todos los que osaban asomarse a la calle o escuchaban al portavoz que salía en la televisión a diario.

Y aquí hemos llegado, al bailecito en Tik-tok.

Y la vieja Guardia Civil, con sus luces y sus sombras, con lo bueno y con lo malo, con su pesada tradición, arrastrada al barro de los tiempos sombríos que corren.

Y lo que te rondaré, morena.

Artículo original publicado en Tradición Viva.

El Brigada Acorazado Escrito por:

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