La trampa de la negociación colectiva

Dando guerra

Hace poco mi vástago pequeño se preguntaba si un trabajador podía negociar condiciones por debajo de su convenio colectivo a la hora de firmar un contrato de trabajo.

Todos podemos adivinar las respuestas habituales a esta sencilla, pero importante pregunta: No, no puede ir contra el convenio colectivo por la jerarquía normativa recogida en la legislación española.

No, no puede, porque nadie puede renunciar a derechos que ya se le han otorgado. Sí puede, en cambio, negociar condiciones más beneficiosas.

No, no puede, porque si se lo permitieran, se produciría una cadena que arrastraría a otros a hacer lo mismo y todos acabaríamos en la más penosa de las esclavitudes, sin derechos.

Pero yo, una vez dadas las respuestas “normales” le conté lo que es el asunto mollar de todo esto. No puede porque hay muchos intereses para que las cosas se hagan de forma colectiva. Lo que no puede hacer, o de una forma muy restringida, es negociar individualmente.

Por eso se ponen las cortapisas “legales” de la norma mínima, la condición más favorable, la irrenunciabilidad de derechos, etc. Porque se puede renunciar a derechos y se pueden negociar condiciones menos favorables, por supuesto, pero de forma colectiva.

No duden que los más interesados en que esto suceda así son los sindicatos. Esas organizaciones, y me refiero solamente al caso español, viven de las cuantiosas subvenciones que, a la puñetera fuerza los trabajadores les tienen que abonar de sus bolsillos, parapetados en que aparecen en la “sacrosanta constitución” como organizaciones indispensables para la vida en democracia (disparate no tenido debidamente en cuenta).

Y además de la pasta, quieren poder.

Para empezar, llaman derechos conquistados a cosas que no lo son. Si a los empresarios se les arranca, vía negociación colectiva, pagar un día más de vacaciones, el derecho conquistado no es el día adicional de vacaciones. El derecho conquistado es el “derecho a que otro te pague un día de vacaciones”.

Y para continuar los sindicatos se arrogan la capacidad de negociar por ti. Es para que salgas beneficiado, tonto, te suelen decir. Y la verdad de la frase anterior es la palabra tonto. Porque tonto es el que cree, a estas alturas, que negocian solamente para beneficiarte. Negocian para beneficiarse a ellos mismos, y lo que ocurra contigo les da igual.

¿Y pueden negociar condiciones menos favorables que las que tenemos? Pues claro que sí, a pesar de todo lo dicho al principio. Si se negocia un convenio colectivo y se renuncia a algo que estaba en el convenio anterior, eso es lo que sucede.

La trampa es que se dan siempre algunas explicaciones: es que si no renunciamos a eso, la empresa quiebra y será peor para todos, es que teníamos que conseguir esto otro que era más importante y para eso teníamos que perder aquello, es que nos han prometido recuperarlo cuando todo vaya mejor…

Vamos, las mismas explicaciones que un trabajador, negociando en solitario, podría dar para aceptar según qué condiciones. Pero, ¿quién es un trabajador solitario para negociar nada? ¿Acaso se cree digno de saber qué es lo que le conviene o no? ¿Acaso sabe más lo que le conviene que un señor que está sentado en una mesa de negociación (y que no trabaja hace años, viviendo a costa de los trabajadores) y que después se irá de comilona pagada por todos?

¿Cómo se atreve a hacer algo por sí mismo?

En este tiempo en el que el Estado es casi ya omnipotente (y no olvidemos que los sindicatos son Estado), las personas son seres inferiores, tirinenes que han de aceptar sin rechistar y expresando gratitud, lo que sus amos les digan.

Por evitar la esclavitud, somos esclavos.

Artículo original publicado en InfoHispania.

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