Ley de seguridad nacional: la gente descubre que está en manos del Estado

Anda revuelto el personal en las redes sociales desde que se ha descubierto un proyecto de reforma de la ley de seguridad nacional en el que el gobierno, según la prensa, pretende incluir la obligatoriedad de prestaciones personales sin indemnización y requisas y confiscación de bienes ante una situación de crisis.

Anda revuelto el personal porque cree que este gobierno, socialista y comunista, se prepara concienzudamente para cerrar la red alrededor de nosotros y no dejarnos escapar (ni con vida ni con propiedades).

Lo bueno del caso es que el personal se ve frente a la realidad: hemos entregado el poder, hemos dejado que el Estado se haga cargo de nuestras vidas y de nuestras propiedades hasta tal extremo que dentro de poco no quedará nada de ninguna de las dos cosas.

Lo malo del caso es que muchos lo achacan a este gobierno. Malditos comunistas, quieren robarnos la libertad y tenemos que impedirlo, andan diciendo por ahí, mientras vuelven los ojos en busca de consuelo y de ayuda a la oposición.

Y digo que es lo malo del caso, porque no se quieren enterar de que el problema no es este gobierno, sino lo que hemos hecho, lo que hemos dejado hacer durante muchos años, durante décadas. Y sin que (casi) nadie se diera cuenta. O peor aún, con la aprobación de muchos.

Me explicaré despacio. El texto que supuestamente quieren añadir a la ley de seguridad nacional es clavadito al que recoge la vigente ley de protección civil, que data (en su última versión) de 2015, año este en el que el guapo presidente y los inteligentes ministros que actualmente sufrimos no estaban en el poder. Ni ellos ni sus partidos.

Se puede pensar que la ley de protección civil está pensada para unas cosas concretas que todo el mundo tiene en la cabeza. Pero en el artículo dedicado al objeto y fines de la misma se dice que “es el servicio público que protege a las personas y bienes garantizando una respuesta adecuada ante los distintos tipos de emergencias y catástrofes originadas por causas naturales o derivadas de la acción humana, sea ésta accidental o intencionada”, lo que puede referirse a casi cualquier cosa (también a la pandemia esta que estamos viviendo).

Y puede uno preguntarse cómo es posible que el partido popular redactase (y las cortes generales aprobasen) algo tan totalitario. Pues porque es el desarrollo natural del artículo 30.4 de la constitución española, de la ley de leyes, de la carta magna, de nuestra ley fundamental, de lo más de lo más.

Y ojo que sólo en un apartado más arriba, en el artículo 30.3, se dice: “Podrá establecerse un servicio civil para el cumplimiento de fines de interés general”. Y aquí lo dejo por ahora.

¿Nadie lo había visto antes? ¿En serio?

El por qué último de lo que pretende el gobierno al querer tener un texto similar en la ley dedicada a la seguridad nacional es algo que se me escapa, que puede que no entendamos nunca. Puede que sea porque la ley de protección civil es el acabose de la burocraticidad de la administración y no la entiende nadie (sobre todo los que trabajan con ella) y quieran tener un instrumento más sencillo en sus manos, algo que puedan manejar los que leen párrafos largos con dificultad. O puede ser porque ni las comunidades autónomas y los ayuntamientos no aparecen en la seguridad nacional, lo que quita estorbos.

Pero lo que no buscan, seguro, es un instrumento para saltarse el control del parlamento, que sí ejerce en los estados de alarma, excepción y sitio. Porque para declarar emergencias de protección civil tampoco hay que solicitar autorización ninguna a ningún parlamento. Y porque, como hemos podido ver en los dos estados de alarma vividos, control, lo que se dice control no ha habido por parte del congreso. Más bien ha habido entreguismo absoluto, porque bien sabe el legislativo que de poder le queda lo mismo que a mí de pelo en la cabeza.

Y por problemas con el tribunal constitucional no va a ser, a las pruebas me remito.

El caso es que el mal estaba hecho antes, mucho antes de que este gobierno fuera nombrado. El mal está hecho desde la aprobación, masa votante culpable por ignorancia e imprudencia, de la constitución, desde que el ciudadano medio no valora su vida, su propiedad y su libertad y la entrega, sin recibo de ningún tipo, a la construcción maligna más grande de cuantas el hombre ha inventado; al Estado.

Estamos indefensos y es cuestión de tiempo que nos pase todo lo que nos va a pasar.

Seguir empecinados en que el problema es que tenemos malos gobernantes ahora, en que sacando a estos se acabará todo, en que votando igual que hasta ahora recuperaremos la libertad, es de estúpidos.

Pd.: el (no) uso de las mayúsculas es deliberado.

Artículo original publicado en Tradición Viva.

El Brigada Acorazado Escrito por:

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