Razonamientos para parvulitos

Desde el redil

Realizo una pequeña incursión en tuiter en el día de Año Nuevo, anteriormente conocido como el día perdido (por la mucha fiesta, el poco madrugar y el no tener el cuerpo pa farolillos) y hoy relegado a la nada más absoluta (porque has perdido el día y ni siquiera te han dejado la fiesta).

La cosa es que leo un tuit de un afamado médico al que seguía desde hace tiempo y que enlaza una noticia de un periódico (que tiene ya varios días de antigüedad) que señala los razonamientos y sinsabores de una presunta sanitaria que atiende a gente presuntamente con coronavirus en las UCIS. En la noticia relata su perplejidad por el hecho de que los negacionistas de las vacunas no le hagan preguntas sobre los efectos adversos de los medicamentos que les ponen cuando ya están en trance de supervivencia, que se dejen poner todos los mejunjes habidos y por haber sin rechistar y sin oponer resistencia.

Y la cosa es que reutiteo poniendo la sencilla frase que hace de título en esta página que escribo y pocos minutos después descubro que el eminente sanitario de apellido igualito que un periodista famosillo al que escucho algunos fines de semana en un programa de radio, me ha bloqueado.

Lo que me hace pensar que hemos cambiado de año, pero que cambiar de año no cambia nada, como siempre ha sido.

Comprendo al pobre hombre, no obstante. Están siendo dos años duros para la antigua profesión médica. Por un lado han tenido que afrontar el hecho de haber sido humillados por una epidemia sin haber plantado la más mínima batalla, batiéndose en retirada vergonzosa, atrincherados en los centros de salud sin atreverse a ver a ningún paciente por miedo a que la muerte les asaltara como a los demás (y encima escudados en la escoria política y sus protocolos).

Por otro lado han tenido que sufrir el humillante descenso a la categoría de sanitarios, de verse de repente en el mismo saco que las enfermeras, auxiliares, celadores, conductores de ambulancia e incluso de las señoras de la limpieza, ellos tan pagados de sí mismos en otros tiempos.

Además, han tenido que soportar críticas de muchas personas, como yo, que les han restregado en sus narices que podían haber tenido la vergüenza torera de rechazar los aplausitos a las ocho cuando, además de presos en nuestros hogares, ni siquiera recibíamos la atención necesaria, cuando era un invento obsceno de los políticos, de nuestros carceleros.

Comprendo pues que en estas circunstancias, el hecho de que un tipo desconocido (como yo) no se trague un indecente insulto a pacientes que están en la UCI de alguien que debería dedicarse a curarles y no a juzgarles y que además señale que no se deja engañar como si fuera un niño chico, a diferencia del antes médico y ahora sanitario, haga un poquito de daño.

Por supuesto que nunca le afearé que me bloquee, pues en su perfil en redes sociales cada uno puede hacer lo que le plazca (o debe poder hacerlo). Pero como ésta es mi red social, sí le digo, a pesar de saber que no va a leerlo, que me importa un bledo.

Pero que sepa el interfecto que seguiré diciendo lo que me de la real gana por mucho que a algún sanitario, político, periodista, tertuliano, tragacionista o cuñado cualquiera le duela. Y seguiré haciendo crítica de todo lo que lea, estudie, escuche, incluso de lo que ya he dado por supuesto en ocasiones anteriores.

Y que no callaré.

Feliz 2022, Rafael.

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