Tribulaciones en la crisis del virus (día 1)

1.000 casos positivos más que ayer, cuando el presidente amagó.

Es sábado y madrugamos para ir a hacer la compra. Los supermercados están llenos de gente que llena los carros y hace colas interminables en la carnicería, en la pescadería y en las cajas, con la sensación de que entramos en algo que se va a hacer largo.

El consejo de ministros, ministras, ministres, ministrines, astronautas y otras rarezas, presidido por el imbécil, será a las 10:30. A esa hora estoy listo, esperando noticias, porque si la situación es grave, gravísima, todo estará dispuesto ya. Habrá que actuar con rapidez y contundencia (aunque se hayan ido tranquilamente a dormir).

Se empieza a hacer larga la espera. A la hora de comer, se filtra un borrador del decreto de declaración del estado de alarma. Vamos bien, las deliberaciones del consejo de ministros son secretas, así que lo de filtrar algo, aumenta la confianza del personal.

En el telediario de la antigua televisión española, ahora podemos televisión, dicen que se ha presentado el vicepresidente de la coleta en la reunión, a pesar de estar cumpliendo cuarentena porque la ministra de igualdad (o de lo que demonios sea) tiene el virus. Y que va con mascarilla, aunque todos vemos las imágenes, nítidas, en las que no se le ve la prenda de seguridad.

Vamos mejorando. No solo «nuestra» tele nos miente, como todos los días, sino que el vicepresi se salta todas las normas y sale de casa estando en cuarentena. O sea, haz lo que te digo, no lo que hago. Me suena a que nos trata como a niños chicos o como a esclavos, o ambas cosas.

El consejito se alarga. Durante toda la tarde en las redes se dice lo que pasa. Que si los catalanes, que si los vascos, que si los comunistas quieren nacionalizar todo, que si el presi está noqueado, que si se va el gobierno a la mierda. Toda una delicia de tarde.

Estamos alarmados, pero sin alarma. Tenemos gobierno, pero no gobierna. Tenemos coalición, pero se pelean. Tenemos autonomías, pero no país. Nada nuevo.

Y mientras, gente muriendo, gente enfermando, gente buscando papel higiénico, volviendo en trenes a casa, buscando refugio cerca de la familia.

Acaba lo que fuera que estuvieran haciendo en moncloa y el guapo tarda más de dos horas en salir a hablar en la tele. Cara de miedito, gesto de yo no he sido, paños calientes para no enfadar a nadie. No podéis salir de casa, salvo para comprar comida, ir al médico, cortaros el pelo o llevar una alfombra al tinte. Pero de uno en uno, no se me apelotonen. No hay verbenas que valgan. Y comenzamos ya, que ahora sí hay prisa.

Todo el poder para mí. El estado garantiza todo, hasta lo que no falta ni va a faltar, nombro un par de veces a españa y a dormir. ¿Dinero? Ya hablamos la semana que viene, que no podemos hacer dos cosas a la vez. Ni una siquiera. Ni ninguna. Nos seguiremos peleando en más reuniones.

Y mientras, gente muriendo, gente enfermando, datos sin actualizar, que se me han disparado. Vergüenza.

Y recordamos la definición de imbécil de la RAE, que debería ser de obligada lectura antes de votar: Tonto o falto de inteligencia.

P.d.: el (no) uso de las mayúsculas es, cómo no, deliberado.

El Brigada Acorazado Escrito por:

Un comentario

  1. Arsenio Bernal
    15/03/2020
    Responder

    NO NOS MERECEMOS UN GOBIERNO QUE NOS MIENTA.

    ¿Alguien recuerda el famoso lema? ¡Ah, que solo va en una dirección! Disculpas.

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