Tribulaciones en la crisis del virus (día 13)

56.188 casos y subiendo, siempre según la magnífica información que nos proporciona nuestro infalible, nuestro avispadísimo, transparente y muy amable gobiernín. Una vez al día, pero nos basta. Se lo agradecemos, sabemos que bien podría no darnos nada y no tendríamos derecho ninguno de queja.

El día ha sido asombroso.

Hoy he visto varias veces en redes sociales, casos de gente que grita a sus vecinos si los ve en la calle, llama a la policía, pone carteles marcándolos en su edificio, afea que no salgan a aplaudir a las ocho de la tarde y maldades por el estilo. Aquí tenemos a lo peor del género humano, que siempre sale por algún lado, autoproclamados defensores del bien común, hienas que, ante el miedo colectivo, acusan, delatan, juzgan y condenan sin pararse a pensar. Eso es lo que no hacen, pensar.

Si lo hicieran, tal vez, solamente tal vez, podrían atisbar que haya casos en los que la gente deba salir, incluso aún no queriendo. Tal vez podrían llegar a intuir que este confinamiento, este secuestro no es ni siquiera legal, que puede que no sea la mejor, y mucho menos, la única opción que tenemos para pasar la pandemia.

Tal vez podrían llegar a ver que, cuando realmente tienen que quedarse en casa es el día de votar, el día de decidir algo. Porque su ceguera, su sinrazón, su sectarismo, su idiotez (muchas veces congénita) nos afecta a todos, y nos pone en manos de estos impresentables, nos roba libertad, seguridad, prosperidad. Nos roba la vida.

Vergüenza me ha dado, vergüenza, oir al jefe de la policía invitar a delatar a nuestros vecinos. A ver, caballero, ya sabemos que la policía es el brazo ejecutor con que nos amenaza el estado para obligarnos a casi todo (por nuestro bien, eso sí), pero disimule un poco, hombre. Que babea espuma por la boca, leñe.

También he visto a un líder sindical asombrado porque se están produciendo muchos despidos, pásmate lorito. Asombrado el tío, no le entra en la cabeza que solamente por parar un país casi por completo, aumenten los despidos. ¡Prohíbase despedir, prohíbase ya! Que paguen los empresarios, aunque no tengan, pero que paguen, perros, que yo sigo aquí liberado de todo. Mi chiringuito es un chiringuito constitucional, lo que me da rango de parásito constitucional.

Y ha reaparecido irena montera, la chupilíder del tetafeminisma lactante, que huérfanos estábamos. Me alegro, a ver si ahora sube el nivel del discurso, porque solamente oímos cosas propias de patio de colegio. Con su elocuencia, con su preparación esto será otra cosa, aprenderemos hasta con sus interjecciones. Tranquila irena si no has entendido, eres autoridad incluso aunque no lo sepas.

El día ha sido asombroso.

Lo más alucinante ha sido comprobar que el encargado por el sepulturero profanador para sacarnos de esta ha comprado test de coronavirus al chino de la esquina. Y no valían para nada, no han funcionado ni cambiándoles las pilas. Y el tío no ha pedido ni el ticket. Las explicaciones, excusas y mentiras que luego hemos oído han puesto la guinda al pastel.

Los chinos se parten de risa.

Si no fuera por los miles de fallecidos que llevamos ya, habría pensado que esto es un mal sueño. Si me hubiese propuesto contar una historia de risa, chufa, una comedia absurda, no se me hubiesen ocurrido cosas tan chuscas, tan cutres, tan…

Pero no olvidemos que esto ha ocurrido solamente unas horas después de que toda la oposición le diese al dúo sacapuntas la confianza para seguir 15 días con este secuestro. Para seguir con plenos poderes para manejar nuestras muertes, nuestras desdichas, nuestros trabajos, nuestro pan, nuestra libertad.

Horas después. En lugar de discursitos fantásticos, de quejas con la boca pequeña, sí pero no, más valía que hubiesen dicho NO. A ti, no, sepulturero profanador, a ti no, y menos si vas con tu compinche bolchevique y con tu caterva de socialcomunistasfeministasideólogosdegéner@s esquizoides. A ti no, que eres un chapucero mentiroso y peligroso.

A otro puede.

Responsables son unos. Cómplices otros, otros cobardes, necios o ciegos.

El día ha sido asombroso.

Aquí seguimos, secuestrados, trabajando como podemos, viendo caer a nuestros compañeros, vecinos, familiares, arruinados, rabiando, rezando.

De veras que estoy deseando volver a tener contacto con humanos para que venga alguien a defender a esta gentuza y su gestión. Voy a disfrutar. Si vivo.

Mientras, recordamos la definición de imbécil de la RAE, que debería ser de obligada lectura antes de votar (aun sin que muchos la comprendan): Tonto o falto de inteligencia.

Recordamos también la definición de criminal, según la RAE, 4ª acepción: que ha cometido o procurado cometer un crimen.

Y recordamos la definición de mentiroso de la RAE: que miente, y especialmente si lo hace por costumbre.

Y, cómo no, la definición de secuestrar, según la RAE: retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines.

Y deseamos, de corazón, la total y completa recuperación de cuantos aquí se citan.

P.d.: el (no) uso de las mayúsculas es, cómo no, deliberado.

El Brigada Acorazado Escrito por:

Un comentario

  1. Arsenio Bernal
    26/03/2020
    Responder

    Muy buena la analogía entre el virus y su trepidante contagio y el voto descerebrado, ambos nos ponen en peligro.

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