Tribulaciones en la crisis del virus (día 45)

Decenas de miles de personas fallecidas. Y las que no se cuentan. Y las que no quieren que contemos.

Los muertos del sepulturero profanador y su compinche bolchevique.

Querido general que me monitoriza el blog: me dirijo a usted, con todo el respeto y consideración de que soy capaz, para decirle que, desde hoy, puede vuecencia dejar de leer esto. Y se lo digo sin pena, pues aunque es sabido que en estas fechas es mala cosa quedarse en el paro, en su caso seguro que puede monitorizar las redes de algún otro desafecto que cuelgue comentarios negativos, de esos que no se aceptan, que muchos hay incapaces de ver lo que nuestro gobiernín hace por nosotros.

Por mi parte, ya no le voy a dar ningún ruido.

Porque ha tenido que pasar los de los niños en la calle para haber podido comprobar, con estos ojitos míos, la cruda verdad que esos medios tan veraces me venían contando a diario. Y que yo, incauto y facha irreductible, me negaba a ver.

Sí, lo reconozco, ciego estaba porque no quería ver que, de no ser por la rápida, la insólita y audaz intervención del sepulturero profanador y su bolchevique compinche, estaríamos todos más muertos que vivos. No sólo fueron capaces de anticipar la tragedia que se avecinaba, a pesar de no haber signos ninguno que hicieran sospechar tal cosa (ni en china, ni en italia, ni hospitales construidos en diez días), sino que tomaron una serie de medidas que bien se pueden calificar de heróicas.

Afortunadamente, tener al presidente más guapo del panorama internacional y al vicepandemias más revolucionario del orbe, es un seguro. Así que hábilmente nos prohibieron todo tipo de manifestaciones multitudinarias, por nuestro bien, renunciando incluso a las que les son verdaderamente entrañables, ya saben las manifas de las feminoides. Esas que algunos fachas, pocos ya, nos atrevíamos a calificar de borregadas y cosas peores, que ahora, no puedo expresar aquí por la vergüenza que me produce recordar mis atávicos pensamientos del pasado.

Y se dedicaron a hacer, aún sin avisos internacionales en curso y en contra del sentido común, compras masivas de material sanitario, de material de protección y respiradores, de test a millones hasta dejar desprovistos a los países que estaban en babia, todos ellos de la mejor calidad, al mejor precio, con prontitud y con los mejores intermediarios. La envidia del mundo civilizado y de parte del incivilizado. Mucha envidia es lo que hay.

A pesar de sus medidas, ejecutadas con extraordinarios reflejos, no les quedó más remedio que confinarnos suavemente en casa. Por nuestro bien, eso sí, siempre por nuestro bien. Lo hicieron respetando escrupulosamente nuestros derechos fundamentales, explicándolo todo muy bien y rápidamente, sin pegarse el pisto con ruedas de prensa interminables.

A la vez tomaban las medidas económicas que quisieran para sí los demás. Inyecciones de dinero a mansalva, rescate de empresas a millones, pagos inmediatos, recaudación de impuestos a tiempo e impecable. Lo que hiciera falta, cuando hiciera falta y como hiciera falta. Solamente mi cerrazón capitalista, vicio que suele ser de difícil superación, tal como una vil adicción, me impedía ver que el paro causado, la asfixia económica, la ruina por doquier y la paguita prometida por vicepandemias, era algo nocivo para todos. Hay que ver qué bobo puede llegar a ser uno.

Mientras todos estábamos a buen recaudo, comenzaron a hacer cosas que, si no se entienden a la primera es porque hay mucho facha suelto. Denuncias y detenciones a lo bruto, sin contemplaciones, no fuera la gente a pensar que esto de estar arrestado es algo que se les ocurrió de repente, por no tener un plan o porque les había pillado el toro. No, ni mucho menos. Y también comenzaron a contar muertos como les salía de las domingas (no de las de echeminga, de las otras), porque gestionar una pandemia es algo que no está al alcance de cualquiera. Todo, o casi todo el mundo que acaba la eso es capaz de contar hasta 100, pero no es fácil que sigan más allá.

Ellos, másteres todos en temas realmente difíciles, cuentan cadáveres con una soltura tal que el número crece despacio, que es de lo que se trata amigos, de contarlos de forma que no aumenten mucho y de forma que no parezca que son personas. Números, para no asustar al personal. Y si aumentan, pues se esconden debajo de la alfombra de la residencia de ancianos, tirando la llave al río, y asunto arreglado. Lo que digo, no está al alcance de cualquier mente, no.

Y aún les quedó tiempo para tomar más decisiones que ayudasen a «combatir al virus», a «aplanar la curva». Monitorizar las redes, ir de caza del disidente, meter a vicepandemias como espía mayor del reino, cerrar el congreso, confiscar material, regar con dinerito a las teles y a los periodistas y generar un clima festivo tal, que muchos se encuentran tan agustito, que no añoran su vida pasada. Y les entiendo, ahora les entiendo, quién va a querer vivir tranquilamente, trabajando para llegar a fin de mes, disfrutando de comilonas con los amigos a la mínima, pudiendo estar todo el día en su casa aplaudiendo puntuales a las ocho, haciendo los deberes con los peques, no molestan pobres, y esperando el subsidio que llegará cuando llegue.

Me arrepiento, señor general, me arrepiento tanto que no sé cómo he podido ni escribir esto. Me doy cuenta, por tres putas fotos que vi ayer (no es sospechoso que fueran siempre las mismas tres, ni que tuviera el tufo a campaña podemita en las redes, ni que insultaran los mismos que siempre insultan y denigran a sus compatriotas, ni nada de todo eso), que la culpa es nuestra. Es de los padres, de los de siempre, de los padres.

Nuestro gobierno dejándose la piel para protegernos y nosotros solamente llevando la contraria. Saliendo a pasear con los niños, cafres que somos unos cafres. Nos merecemos que nos encierren de por vida a todos, cada uno en su casa. No duden, si algo sale mal, echarnos la culpa a los de los niños. Y a los que no tenemos niños, que alguna vez hemos ido al Mercadona sin necesidad, pues no solo de pan vive el hombre como es sabido (ni la mujer, que ahora estoy a muerte con la igualdad).

Sin más, estimado amigo uniformado, superfluo todo usted y sus compañeros, me despido, deseándole, junto a nuesto amado gobierno del pueblo que…

Se vayan a la puñetera mierda. No se olviden, por favor a sus tontos útiles, que son muchos y votan un montón.

Gracias.

Y nos siguen muriendo.

Definición de imbécil de la RAE, que debería ser de obligada lectura antes de votar (aun sin que muchos la comprendan): Tonto o falto de inteligencia.

Definición de criminal, según la RAE, 4ª acepción: que ha cometido o procurado cometer un crimen.

Definición de secuestrar, según la RAE: retener indebidamente a una persona para exigir dinero por su rescate, o para otros fines.

Y deseamos, de corazón, la total y completa recuperación de cuantos aquí se citan.

P.d.: el (no) uso de las mayúsculas es, cómo no, deliberado.

El Brigada Acorazado Escrito por:

Sé el primero en comentar

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *